
Tener una personalidad definida, comprometida con su crecimiento personal integral.
Comunicarse consigo mismo, con los otros, con la naturaleza y con Dios.
Tener un sentido cristiano de la existencia, significativo para él y que lo aplica en el proceso educativo donde interviene.
Tener vocación personal a la docencia, valorar y gozar de su profesión.
Ayudar a los educandos a mirar los acontecimientos y a los hombres desde los valores evangélicos, despertando
una fe activa y comprometida.
Conocer la realidad personal del educando. el contexto socio-cultural local y nacional, y tenerlo en cuenta en la programación
curricular y en las actividades extracurriculares.
Valorar y compartir la cultura del Pueblo y acompañar al Pueblo en su desarrollo y en la transformación del País.
Centrar el proceso enseñanza-aprendizaje en el educando, en su vida real, fomentando el autoconocimiento
y autodesarrollo de sus capacidades, intereses y aspiraciones dentro de un marco comunitario.
Tener una adecuada preparación profesional y sentir la necesidad de actualización permanente.
Utilizar técnicas, procedimientos y métodos que favorecen la adquisición de objetivos del dominio afectivo,
cognoscitivo y psicomotor.
Desarrollar la creatividad, capacidad crítica y capacidad para educarse permanentemente. Valorar y apoyar la
capacitación técnica de los educandos.
Trabajar en equipo, coordinar e integrarse como miembro corresponsable en la gestión educativa del Centro
y colaborar activamente en la vida de su comunidad educativa (comunidad de servicio).
Apoyar la formación de los padres de familia, ayudándoles a tomar conciencia de su responsabilidad en la educación de sus hijos.
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