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Cuando querían bajar a otros niveles, estaban los toboganes en espiral que bajaban en camara lenta. De sus costados brotaban deliciosos lollys, caramelos, galletitas, limonadas, refrescos, etc, que es en realidad comida sana disfrazada con gusto a todo lo que se cree que es. Así se alimentaban saludablemente y sin problemas.

También había comedores de lo más divertidos, en donde comían en grupos de amigos, o acompañados de su personaje favorito de la Ciudad Fantástica. Aquí tampoco hacían lios para comer, porque solamente con la presentación de los platos, el colorido, y el disfraz de los sabores ya era todo un festín hasta para los más difíciles en comer.
Cuando querían dormir, podían hacer dos cosas, una era ir al hotel, que no era uno cualquiera, cada uno podía elegir la casita de madera encima de un árbol que más le gustara, otra vez mojar la mano izquierda para saber qué cosas le gustaban, así, la casita-hotel, tenía todas las ilusiones que el huesped pudiera desear, y si quería dormir con otros niños tambien podía. Si le gustaba que le contaran un cuento antes de dormir, allí iba la Maga Cuenta Cuentos; si le gustaba dormir con peluches, aparecían cachorritos reales hasta que se quedara dormido; si le gustaba oir una canción, venían los pajaritos y le cantaban una de dormir; si quería abrazar un oso grandote, viene uno del comité de bienvenida, todos podían cumplir sus deseos e ilusiones. La otra posibilidad era dormir en uno de los castillos-mágicos del concurso de la playa, en compañia de hadas, duendes, y personajes de cuentos. Muchas veces les resultaba difícil elegir, pero podían cambiar cuantas veces quisieran e invitar distintos personajes. |