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La relación del lenguaje con el pensamiento es lo que constituye el problema más profundo, cuando consideramos a lo que se enfrentan o pueden enfrentarse los que nacen sordos o se quedan sordos muy pronto. Si falta la audición al nacer o se pierde en la temprana infancia, antes de aprender a hablar, la situación es completamente distinta, los afectados por este impedimento (los sordos prelingüísticos) son una categoría que se diferencia cualitativamente de todas las demás. Para estas personas que nunca han oído, que no tienen asociaciones, ni imágenes, ni posibles recuerdos auditivos, no puede haber siquiera ilusión de sonido. Los sordos prelingüísticos que no pueden oír a sus padres, corren el riesgo de un retraso mental grave e incluso de una deficiencia en el dominio del lenguaje, a menos que se tomen medidas eficaces muy pronto. A través del lenguaje nos incorporamos del todo a nuestra cultura, nos comunicamos libremente con nuestros semejantes y adquirimos y compartimos información. La situación de los sordos prelingüísticos fue calamitosa hasta 1750. La escuela de De l´Epée, fundada en 1755, fue la primera que obtuvo apoyo público. Se basaba en un sistema de señas "metódicas", una combinación del lenguaje de señas de sus alumnos sordos y de la gramática francesa por señas, método tan fructífero que permitió por primera vez que los alumnos sordos corrientes pudiesen leer y escribir el francés y adquirir así una educación. La idea de que el lenguaje de señas es universal es completamente falsa, hay centenares de lenguajes de señas distintos y surgen independientemente siempre que hay número significativo de sordos en contacto. Así se encuentran el ameslán o lenguaje de señas estadounidense, el lenguaje de señas británico, francés, danés, chino, maya, etc., se describen más de cincuenta lenguajes de señas naturales. El habla es una pieza del pensamiento. El abate Sicard hablando de la enseñanza del lenguaje de señas nos dice "abre las puertas... de la inteligencia por primera vez". Para Pierre Desloges - el lenguaje de señas resulta singularmente apto para precisar las ideas y para ampliar la capacidad de comprensión, pues se crea con él un hábito de observación y análisis constantes. Es un lenguaje vivo; refleja el sentimiento y estimula la imaginación. No hay lenguaje más propio para transmitir las emociones grandes e intensas.
Con las demostraciones de De l´Epée y Sicard se dio la bienvenida en la sociedad humana a los que hasta entonces se hallaban marginados. En 1817, Clerc fundó con Thomas Gallaudet el Asilo Estadounidense para Sordos de Hartford, surgió el ameslan o lenguaje de señas estadounidense (American Sign Language, ASL). El lenguaje debe transmitirse y aprenderse lo antes posible, porque, si no, puede quedar permanentemente transformado y retardado su desarrollo, esto en el caso de los sordos profundos sólo se puede hacer por señas. Por eso es conveniente diagnosticar la sordera lo antes posible. Los niños sordos deben tener enseguida contacto y relación con personas que hablen con fluidez por señas, ya sean sus padres, profesores, o cualquier otra persona. |